El mundo no está dividido en buenas o malas personas. El ser humano es una criatura compleja que puede ser considerado al mismo tiempo una excelente persona o un capullo integral.
Pero simplificando mucho a mí me gusta dividirlo en cuatro tipos de gente:
- aquellas buenas personas que no se creen buenas personas, porque consideran que podrían hacer algo más o porque arrastran complejos de culpa desde su más tierna infancia.
- Aquellas buenas personas que se saben buenas personas y viven en paz y que son consideradas malas personas por aquellos que en un momento dado pretenden utilizarlas y son conscientes de que hermanos sí pero primos no.
- Aquellas malas personas que se saben malas personas pero no les importa, de hecho les encanta.
-Aquellas malas personas que se consideran a sí mismos buenas personas y se dedican a tirar de un burro a las buenas personas para que parezcan malas personas, en nombre de una especie de Bien Supremo que defienden a muerte.
El mundo está repleto de estos últimos.
Los tipos más planos los encontramos en realities tipo Gran Hermano, donde siempre hay un buenazo malmetiendo por aquí y por allá, cargado de "buenas intenciones" que él mismo se cree y sin que nadie se dé cuenta de su juego.
Un pelín más retorcidos me los he encontrado yo en mi vida cotidiana y resultan ser de lo más peligroso porque pueden llegar a echar a perder la armonía de un grupo.
Son estas personas que aparentemente se llevan bien con todo el mundo y consiguen que todo el mundo se lleve mal entre si. Aquellos que cuando son acusados o enfrentados se amparan detrás de su exceso de sinceridad, su falta de hipocresía o su incapacidad para hacerle la pelota a nadie, o su negativa a ser borregos.
Lamentablemente conozco a un tipo que está en el mundo porque en el mundo tiene que haber de todo, que se ha autocoronado juez y verdugo y se ha embarcado en la hazaña de hacerme comprender mis miserias y de paso ventilarlas, para salvar al mundo de personas como yo.
No diré de mí que soy la persona más honesta, más inteligente, más sincera, más amable y más nada del mundo. Es cierto que he cometido cientos de errores en toda mi vida y que cometeré muchos más, porque soy un poco dura de mollera y un poco gilipollas y tengo la estúpida manía de tropezar varias veces con la misma piedra y, si me apuras, hasta de poner yo misma la piedra con la que he de tropezar.
Pero creo que estoy en mi derecho de elegir de quién acepto críticas y de quién no.
Resulta que este héroe de pacotilla, a quien sólo he visto dos días en mi vida, no puede comprender cómo una mujer como yo se da el lujo de rechazar a un hombre como él. Se tiene en buena estima y se considera a sí mismo un ser muy valioso. Lo que me extraña es que teniendo de mí un concepto de mí tan pobre lleve cuatro años dando por culo.
Y es que el orgullo herido es un mal compañero.
Y yo soy gilipollas por hacerle caso. Así que este es el fin de la historia. Supongo que la ignorancia es algo difícil de soportar y que tarde o temprano acabará por rendirse.
Como él mismo ha expresado, quien siembra rosas cosecha rosas y el día que le encontré, sembré un cardo borriquero y todo el mundo sabe que los cardos borriqueros son muy resistentes.
sábado, 22 de noviembre de 2008
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